jueves, 14 de abril de 2016

Alfaguara publicará dos inéditos de Roberto Bolaño

por Matías Néspolo
La Nación, Argentina. 04.03.2016




Aún no se conocen detalles del acuerdo, pero se presupone una operación importante, en cuanto a cantidad de ceros. Alfaguara se queda con la totalidad de la obra del Roberto Bolaño, incluidos los centenares de libretas y mecanoscritos inéditos del llamado Archivo Bolaño. Incluso anuncia para noviembre próximo, en el marco de la FIL de Guadalajara, el lanzamiento de dos nuevos inéditos que vienen a engrosar su obra póstuma, la novela primeriza El espíritu de la ciencia ficción y un libro de relatos todavía sin título.

Del traspaso editorial circulaban algunos rumores, y ayer Alfaguara, el sello del gigante Penguin Random House (PRH), los confirmó en un comunicado oficial. Y quien está detrás de esa abultada operación es el temible "Chacal", Andrew Wylie, el agente literario más importante del mundo, en representación de los herederos, la viuda, Carolina López, y los hijos de Bolaño. Una ironía póstuma para el autor de Estrella distante, fallecido en 2003, que en vida se negó a tener agente literario, y cuya obra pasó a manos de la legendaria Carmen Balcells primero y de "El Chacal", a partir de 2008.

Lo cierto es que la novedad tiene dos caras. Es una pésima noticia para Jorge Herralde, el editor de Anagrama, la casa editorial del chileno de toda la vida, que pierde definitivamente a Bolaño de su catálogo. Y es una excelente noticia para los fans del autor de Los detectives salvajes porque el sello de PRH recuperará toda su obra en bolsillo -21 títulos, incluida su poesía y la novela a cuatro manos con A. G. Porta Consejos de un discípulo de Morrison a un fanático de Joyce (1984), estos últimos hasta ahora en poder de editorial Acantilado- e incluso la publicará por primera vez en formato digital.

De la sonada novela póstuma El espíritu de la ciencia ficción poco se sabe; solo que está ambientada en México y fue escrita, por referencias en su correspondencia, a comienzos de los 80. Y también que una sección de ese manuscrito, "Manifiesto mexicano", fue incluido en la edición de La universidad desconocida. Otro tanto cabría decir de los cuentos anunciados. Pero una cosa es segura: no serán los últimos ni los únicos inéditos póstumos del chileno en esta segunda vida editorial en Alfaguara, porque la exposición Archivo Bolaño, 1977-2003 del Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona en 2014 descubría más de 80 libretas y cerca de 40.000 páginas, entre originales y formato electrónico, entre las que se cuentan, además de la novela anunciada, otras tres primerizas. ¿Qué es publicable y qué no de todo ese ingente material? Sólo el temible "Chacal" Andrew Wylie y quizá su viuda lo sepan, y tengan la última palabra.



 

jueves, 7 de abril de 2016

"Me atrae esta película porque conserva el espíritu de Roberto Bolaño". Entrevista a Rutger Hauer

Por Rodrigo González M.

La Tercera, Chile. 31.12.2011




Es un actor del mundo. Un holandés errante. Durante el 2011 actuó en 12 películas y sus rodajes lo hicieron viajar de Polonia a Canadá, de Sudáfrica a Indonesia y de Hungría a Italia, por ejemplo. Rutger Hauer, el actor holandés de 67 años, que en 1982 logró que su rostro amenazante, sus ojos celestes y su pelo platinado se hicieran mundialmente conocidos como el replicante Roy Batty en Blade Runner, ahora está en Chile filmando la parte final de la película El futuro, de Alicia Scherson. Y no es un filme más de la directora de Play. Por el contrario, se trata de su adaptación de Una novelita lumpen, de Roberto Bolaño.

"Para ser sincero, no tenía demasiada idea de qué era Chile antes de llegar a este proyecto. Pensaba que la música era lo más importante acá, como cuando uno va a Panamá y escucha y ve el ritmo por todas partes. Pero no. Es un país, por lo poco que he visto, de palabras y de literatura. Es una sensación, no lo puedo explicar. Sólo es lo que percibo", dice Hauer, que acaba de personificar al pintor flamenco Pieter Bruegel en The mill and the cross y al legendario cazavampiros Abraham van Helsing en Drácula 3D, del maestro del horror italiano Dario Argento.

"Ha sido uno de los años más duros de mi vida, muchísimo trabajo, pero al mismo tiempo uno de los más interesantes", dice mientras se reclina en una silla del salón de fumadores del Hotel Crowne Plaza, donde se alojará por el par de semanas que dure su parte en El futuro. En el filme, con estreno para el segundo semestre de 2012, interpreta a Maciste, un ex campeón italiano de fisicoculturismo y estrella de películas de cine B, que ya solo, viejo y ciego, recibe en Roma la compañía ocasional de la joven Bianca (Manuela Martelli).


¿Por qué se involucró en el filme?
Por cuatro básicas razones: la novela, el guión, la directora y los actores. La actriz principal, Manuela Martelli, es muy buena: lo he comprobado en los ensayos. Se esfuerza, no se toma nada a la ligera. Y la directora, Alicia Scherson, es talentosa, respeta la novela original y no trata de transformarla a su antojo. Y, en fin, la obra de Bolaño es notable: está escrita como en papel de lija. Es dura, áspera, sin concesiones. He tratado de buscar más novelas de él, pero como paso viajando me cuesta mucho ir a alguna librería. Esta, Una novelita lumpen, la leí en alemán, ni siquiera está en inglés.

¿Qué le interesa de su personaje, Maciste?
Bueno, el tipo está ciego. Es una suficiente razón para que ya tenga interés. Y es difícil de hacer: desviar la mirada de todo el mundo, de las cámaras, pero al mismo tiempo no lucir como un idiota es algo complicado. Eso me motiva. Espero crear un personaje que no se haya visto antes. Además, se trata de tener una relación con esta chica, con Bianca. Una conexión que empieza como meramente funcional y luego se torna más tierna, sin que eso signifique sentimentalismos, ni llantos, ni nada de esos recursos bajos. Si hay algo que no soporto es andar gimiendo en las películas. Eso es fácil: lo complicado es conmover con la justa emoción, con la templanza.

¿Qué recuerdos tiene de Blade Runner, la película que lo hizo conocido en 1982?
Blade Runner es una gran película y mi primera experiencia exitosa en el cine estadounidense. Estuvimos rodando cerca de cinco meses. La última escena, aquella en que mi personaje del replicante muere y le salva la vida a Harrison Ford fue curiosa: esa parte del guión tenía cerca de 25 líneas, pero para mí no funcionaba así. Era demasiada pompa, mucha ópera, sobraba texto. Para mí, el replicante sólo tenía que decir lo justo y aquello, a mi juicio, era: "Todos esos momentos se perderán como lágrimas en la lluvia. Tiempo de morir". Afortunadamente, me quede sólo con ese diálogo. Pocas veces en la vida de un actor existe la posibilidad de crear un lazo tan fuerte con el guión. Con esa película lo hicimos.






martes, 1 de marzo de 2016

Diccionario Bolaño

Por El Cultural, España. 30.12.2004
(Edición impresa)




Roberto Bolaño murió el 14 de julio de 2003 a causa de una insuficiencia hepática. Dejaba la más monumental de sus obras, 2666 (Anagrama), que apareció este año y que nuestros críticos han destacado como el mejor libro de ficción de los últimos doce meses. Ofrecemos un autorretrato con forma de diccionario que el propio Bolaño fue esbozando en diversas entrevistas.


Autobiografía: “Las únicas autobiografías interesantes son las de los grandes policías o la de los grandes asesinos, porque de alguna manera rompen ese molde deprimente y real de que el destino de los seres humanos es respirar y un día dejar de hacerlo”.

Boom: “No me siento heredero del boom de ninguna manera. Aunque me estuviera muriendo de hambre no aceptaría ni la más mínima limosna del boom, aunque hay escritores que releo a menudo como Cortázar o Bioy. La herencia del boom da miedo. Por ejemplo, ¿quiénes son los herederos oficiales de García Márquez?, pues Isabel Allende, Laura Restrepo, Luis Sepúlveda y algún otro. A mí García Márquez cada día me resulta más semejante a Santos Chocano o a Lugones”.

Críticas: “Cada vez que leo que alguien habla mal de mí me pongo a llorar, me arrastro por el suelo, me araño, dejo de escribir por tiempo indefinido, el apetito baja, fumo menos, hago deporte, salgo a caminar a orillas del mar, que, entre paréntesis, está a menos de treinta metros de mi casa, y les pregunto a las gaviotas, cuyos antepasados se comieron a los peces que se comieron a Ulises, ¿por qué yo, por qué yo, que ningún mal les he hecho?”.

Elvis: “Elvis for ever. Elvis con una chapa de sheriff conduciendo un Mustang y atiborrándose de pastillas, y con su voz de oro”.

España: “Vine a España en el año 77. En realidad iba a Suecia, donde más o menos tenía arreglado un trabajo, pero mi madre vivía en España desde hacía dos años y estaba muy enferma cuando yo llegué. Entonces, me quedé a esperar que se pusiera bien. Barcelona, en el año 77, era una verdadera belleza, una ciudad en movimiento con una atmósfera de júbilo y de que todo era posible. Se confundía la política con la fiesta, con una gran liberación sexual, un deseo de hacer cosas constantemente, que probablemente era artificial, pero, artificial o verdadero, era tremendamente seductor. Para mí fue un descubrimiento, y me enamoré de la ciudad. En Barcelona aprendí cosas que yo creía que sabía pero en realidad no sabía”.

Exilio: “Nunca me he sentido exiliado. Extranjero me he sentido en todas partes, empezando por Chile. Como fui un niño pedante, ya desde niño me sentía extranjero”.

Fútbol: “Mi experiencia como jugador de fútbol nunca fue del todo comprendida ni por los espectadores ni por mis compañeros de equipo. A mí siempre me pareció más interesante marcar un autogol que un gol. Un gol, salvo si uno se llama Pelé, es algo eminentemente vulgar y muy descortés con el arquero contrario, a quien no conoces y que no te ha hecho nada, mientras que un autogol es un gesto de independencia”.

García Márquez: “Un hombre encantado de haber conocido a tantos presidentes y arzobispos”.

Lema: “Mi lema no es Et in Arcadia ego, sino Et in Esparta ego”.

Libros: “El Quijote, de Cervantes. Moby Dick, de Melville. La Obra Completa de Borges. Rayuela, de Cortázar. La conjura de los necios, de Kennedy Toole. Nadja, de Breton. Las cartas de Jacques Vaché. Todo Ubú, de Jarry. La vida, instrucciones de uso, de Perec. El castillo y El proceso, de Kafka. Los aforismos de Lichtenberg. El Tractatus de Wittgenstein. La invención de Morel, de Bioy Casares. El Satiricón, de Petronio. La Historia de Roma, de Tito Livio. Los Pensamientos de Pascal”.

Oficios: “El oficio en el que mejor me he desempeñado fue el de vigilante nocturno de un camping cerca de Barcelona. Evité un linchamiento (aunque de buena gana, después, hubiera linchado o estrangulado yo mismo al tipo en cuestión)”.

Paraíso: “Es como Venecia, espero, un lugar lleno de italianas e italianos. Un sitio que se usa y se desgasta y que sabe que nada perdura, ni el paraíso, y que eso al fin y al cabo no importa”.

Política: “Siempre quise ser un escritor político, de izquierdas, claro está, pero los escritores políticos de la izquierda me parecían infames”.

Reconocimiento: “No me importa nada. El narrador más importante de este siglo que se acaba (¡por fin!) se llamó Franz Kafka y no lo reconocieron ni en su casa, así que figúrate si me va a preocupar a mí una gilipollez de ese calibre”.

Remordimiento: “Son muchos y se acuestan y levantan conmigo y escriben conmigo porque mis remordimientos saben escribir”.

Sexo: “La gente, al hablar de sexo, se vuelve idiota. Tal vez siempre lo ha sido, pero el sexo la vuelve aun más idiota y se limita a balbucear ideas preconcebidas cuyo fondo en nada difiere del antiguo Dios, Rey y Patria, que, como todo el mundo sospecha (pero se lo calla), significa Miedo, Amo y Jaula”.

Triunfo: “No creo en el triunfo. Nadie con dos dedos de frente puede creer en eso. Creo en el tiempo. Eso es algo tangible, aunque no se sabe si real o no, pero el triunfo, no. En el campo de los triunfadores uno puede encontrar a los seres más miserables de la tierra y hasta allí yo no he llegado ni me veo con estómago para llegar”.



 

domingo, 14 de febrero de 2016

Bolaño bajo las luces: sus novelas pisan las tablas

Por Pedro Bahamondes Ch.
La Tercera, Chile. 14.02.2016


Robert Falls y Seth Bockley en acción con sus actores durante los ensayos. GoodmanTheatre.org


CINCO novelas hilvanadas en una sola. Tras el tardío lanzamiento de 2666, en 2004, a un año de la muerte de su autor, Roberto Bolaño (el 15 de julio de 2003, producto de una insuficiencia hepática), parecía imposible, e incluso desquiciado, creer que un libraco de más de 900 páginas pudiese brincar del lomo y cobrar vida en la pantalla grande, o un escenario. El primero en tomar el riesgo, en 2008, fue el español Alex Rígola, quien trajo a Santiago a Mil, en un montaje de más de cinco horas, la vertiginosa cruzada de Benno von Archimboldi desde el Viejo Continente hasta Ciudad Juárez, en México, donde cada día aparecen los cuerpos mutilados de decenas de mujeres.

El pasado fin de semana, en el Goodman Theatre de Chicago, Estados Unidos, su director artístico, Robert Falls, estrenó su propia versión de la novela póstuma de Bolaño en una puesta en escena que hoy deslumbra a la crítica por su proeza: 15 actores encarnan a más de 80 personajes, en una pieza que bordea las cinco horas y media de duración.   

“Apenas leí 2666, supe que quería llevarla al teatro, a pesar de sus complejidades. Me maravilló su audacia y las cinco partes que estructuran el relato -que va del tono de comedia de Pedro Almodóvar, muy al estilo del cine negro e hiperrealismo, desencadenando un ‘cuento de hadas’ que cruza en tiempo récord el siglo 20-, y donde el autor pone el foco en los horrores de la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto”, dice Falls. 

“Brillante”, “Desmedida y atípica” y “Uno de los montajes más audaces del año”, son algunas de las críticas que medios locales le dieron tras su debut, el pasado 6 de febrero. “Bolaño es un autor que seduce de tal forma, que es simplemente imposible no maravillarse con su capacidad de detalle y esa obsesión por narrar a partir de lo desnarrado”, agrega Falls. 


Rígola vuelve a Bolaño

Después de 2666, en 2014, Alex Rígola se embarcó en la adaptación de “El policía de las ratas”, que nuevamente lo tuvo en Chile con funciones en el Teatro Municipal de Las Condes. Previo a su debut, el año pasado, el director ya anunciaba que había otro texto del autor de Los detectives salvajes quitándole el sueño. No lo reveló entonces, pero hace poco menos de un mes, mientras el Festival Santiago a Mil se tomaba teatros y calles de la ciudad, el español ensayaba en el Centro Cultural de España Nocturno de Chile, novela de 1999, junto a ocho actores. Hace dos semanas, en el GAM, Rígola mostró un adelanto de lo que será el primer montaje confirmado para el mismo certamen, en enero de 2017. 

“Es extraño lo que me pasa con Bolaño. Hay algo de intriga y adicción inmanejables. Cuando llamé al casting y elegí a este elenco, les pregunté cuántos lo habían leído, y no debieron ser más que dos. Les dije: ‘¿Estáis locos? No podéis estar perdiendo la posibilidad de leer al único autor contemporáneo que pudo darles un tercer Premio Nobel’. De seguir vivo, Bolaño tendría muchas posibilidades de traer otro Nobel a Chile”, opina Rígola.

La historia del sacerdote Sebastián Urrutia Lacroix, un clérigo derechista del Opus Dei que durante sus últimos años relata cuatro episodios de su vida: la visita a la hacienda «Là Bas» de Farewell, un destacado crítico literario de los años 50; su viaje por Europa para estudiar técnicas de conservación de iglesias en los 60; las clases de ideología marxista que dictó para Augusto Pinochet y sus colaboradores de la Junta Militar de Chile en los años 70, y las tertulias literarias a las que asistió en casa de la escritora María Canales, donde además se torturaba a opositores al régimen, aún no confirma su elenco definitivo. “El texto ya está, y eso es lo principal -dice Rígola-. No será un montaje largo como los anteriores, pero sí igual de intenso y más polémico, creo: no es casual que Bolaño viniera a lanzar esta novela a Chile cuando justamente quería volver a escribir sobre el lugar donde nació”.





martes, 5 de enero de 2016

Roberto Bolaño, detective (y artista)

por Sergio González Rodríguez
Revista Pez Banana. 20.08.2014





Los métodos del detective salvaje que Roberto Bolaño encarnó, pueden escrutarse en los episodios que en adelante se describen en sus dos fases:


Primera fase

Por sugerencia de nuestros amigos Juan Villoro y Jorge Herralde, quienes sabían que yo estaba escribiendo un libro sobre los asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez, tema que comencé a indagar desde 1996, Roberto Bolaño entró en contacto conmigo por correo electrónico, hacia 1999 o el año 2000, no recuerdo bien, y comenzamos un intercambio de mensajes sobre dicho tema: me explicó que él quería abordar éste en una novela que preparaba. Me reveló que ya había leído mis libros, en particular El Centauro en el paisaje (1992), y sabía que yo había tocado el bajo eléctrico en un grupo de rock (Enigma).

Durante un par de años, Roberto y yo intercambiamos mensajes intermitentes donde él revelaba un conocimiento  agudo y una curiosidad  creciente sobre las circunstancias de aquellos crímenes. Nuestro diálogo careció de la fluidez deseada: sus mensajes no me llegaban, como él se quejaba después; a veces recibía los míos en un código indescifrable o como texto ilegible: era obvia la interceptación que desde entonces he tenido en mis comunicaciones electrónicas y postales.

Villoro me ha contado que Bolaño se exasperaba por esto, pero insistía en enviarme sus mensajes, que contenían preguntas, consultas y opiniones sobre las víctimas, la actuación de la policía o los posibles agresores de mujeres. En una ocasión me pidió, por ejemplo, que le describiera el tipo de armas, vehículos, conducta y aspecto específicos de los asesinos. Debí acudir a los documentos policiales y ministeriales que guardaba en mi archivo para poder responder preguntas tan precisas. Me dio la impresión de que Roberto quería construir su programa novelístico con los dos pies y la cabeza entera dentro en los hechos.

Otra vez fue más detallista: quería que le transcribiera un informe forense que consignara las heridas infligidas en alguna víctima. Parecía satisfecho de contar con tal jerga criminalística en sus manos. También me pedía mi opinión en alguno otro mensaje acerca de un diagnóstico legal que circulaba en Internet sobre los asesinatos de mujeres en aquella frontera.

Quería afinar su criterio sobre los crímenes, y tendía a creer que la presencia de un criminólogo de prestigio como Robert K. Ressler, quien fundó la oficina de Ciencias de la Conducta del FBI y acuñó los términos de “asesinos en serie” y “asesinatos en serie”, serviría para resolver los casos de una vez por todas. En esos años, estaba aún fresca la memoria de la película de Jonathan Demme titulada “El silencio de los inocentes” (1993), en la que una detective sagaz (personificada por Jodie Foster), quien tiene un maestro que dirige sus pasos (en la cinta el trasunto de la figura de Ressler), aprehende a un asesino en serie muy depredador con ayuda de otro, esteta y de mente brillante (actuado por Anthony Hopkins).

Bolaño se mostró un tanto desconcertado cuando le conté que la presencia de Ressler en Ciudad Juárez se había visto mediatizada por la corrupción de las autoridades de Chihuahua, quienes no han deseado nunca abrir una pesquisa en serio sobre aquellos asesinatos de mujeres. Y si bien Bolaño sostenía la idea de un asesino en serie (que parece extender a 2666), reconoció que la hipótesis de Ressler podía ser cierta: la existencia no de un asesino, sino de varios que, en plan de juerga y con distintos grupos de respaldo, incluso policías, realizaban el secuestro, violación, tortura y asesinato sexual de las víctimas. Lo demás, era tarea del fenómeno de copycat o asesinos imitadores.

Puede ser que Roberto tuviera ya resuelto su plan narrativo en favor de un asesino, quizás itinerante y encarnación del mal primigenio expresado en connivencia con una ecología perversa en la frontera, que incluía el declive de las instituciones y al poder económico y político.

Hasta aquí, el detective salvaje llamado Roberto Bolaño recuperaba la tradición indagatoria de un Sherlock Holmes (mente alerta, observación, desarrollo imaginativo, aptitud deductiva, agudeza conjetural, etcétera). Más adelante, al conocer en persona a Bolaño, pude entrever más de su dispositivo creador.


Segunda fase

En 2002, al saber que yo acudiría a España a presentar mi libro Huesos en el desierto, Roberto Bolaño me invitó a visitarlo en Blanes, localidad cercana a Barcelona donde residía. Durante una tarde-noche disfruté de hospitalidad en su casa, y me hizo conocer dos puntos: a) estaba por terminar su novela 2666 que, afirmó, “trataba de muchas cosas”, entre ellas, una parte con los asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez, y b) había decidido incluirme en esas páginas: “estás en mi libro como personaje con tu nombre: eres el periodista que investiga los crímenes”. Mi asombro le encantó: “quise imitar a Javier Marías que en su novela Negra Espalda del tiempo, de 1997, te incluyó con tu nombre en la investigación de la muerte de Wilfred Ewart en la Ciudad de México”. Reía y encendió otro cigarrillo: el humo rodeaba su júbilo contagioso.

Con el paso del tiempo, he comprendido que más que una anécdota, un juego literario o un giro de intertextualidad, Bolaño construía una pieza de su prodigiosa máquina de escritura bajo un plan expansivo, que a la postre le ha sobrevivido y le sobrevivirá (e incluye, también, este texto y muchos otros). El detective salvaje que fue Roberto Bolaño investigaba, procuraba la justicia y la ampliaba al ámbito de la imaginación a través de dispositivos de arte conceptual, a los que adscribo los libros y manuscritos que dejó inéditos y las consecuencias que han rodeado su publicación y lectura.

Con Huesos en el desierto, Roberto Bolaño pudo reinventar un palimpsesto temático-narrativo y lo convirtió en su magistral novela 2666. Así, su máquina de escritura persiste en desafiar el transcurso del tiempo.







viernes, 11 de diciembre de 2015

Antes del umbral

por Carlos Almonte
Viento blanco, 2013




De la intervención fundamental que realiza la novia de Juan, estando los cuatro varados en medio de la nada sin saber adónde ir; de lo bien que hace a veces apurar las cosas y del intercambio de impresiones apuradas, aunque precisas, que orientaría al grupo en la dirección correcta de la búsqueda.

*

 En el décimo mes los patos salvajes se dirigen hacia el sur,
llegando su migración hasta cierto punto; luego regresan.
Sung Chih-Wen


Son las seis treinta de la mañana. El viento arrecia sobre los tejados, provocando lúgubres chirridos y acomodos. El desierto, allá al fondo, tiñe sus praderas secas de amarillo y rojo. Los coyotes aúllan, tal vez solo en mi imaginación, a una luna cada vez más blanca y transparente. Nos detenemos frente a una señal. Hemos llegado. Hace poco, un día o dos, nos hemos enterado de que nos persiguen. He apretado la mano de mi Juan al escucharlo, a él y a sus amigos. Ya sabía yo que esto pasaría, les he soltado, provocando más que nada un silencio tenso y enrabiado. Yo no tengo la culpa, he concluido, pero la mirada de Ulises me ha hecho callar. Le he pedido a Juan que no les haga caso. Le he dicho al oído que debemos irnos, separarnos de este par de locos, pero pareciera que no escucha. Organiza juegos de memoria, de ingenio, de conocimientos básicos de historia. Todos parecen divertirse, menos yo. Me preocupa lo que pueda suceder. Quisiera estar en casa, sola, descansando, bebiendo una cerveza en el rancho de mi abuela. Observo a la pasada mi reflejo en el retrovisor. Estoy fea, demacrada. No me he bañado en días, o semanas. Huelo mal. Todos huelen mal. Prefiero no acercarme a ellos. Si no abrimos las ventanas huele a fruta podrida, a comida añeja, a orines incluso. Y entonces pienso en que tal vez no fue una buena idea salir de la ciudad. Les pregunto cuáles son los planes. Me miran como si hablara en aleutiano. Les propongo una salida y les entrego un mapa dibujado por mí misma hace unas horas. Hay una cruz marcada en el lugar exacto. Ahí debemos ir, les digo. Les recuerdo que yo soy la mujer, que eso me otorga ciertos privilegios, pero nadie me responde. Arturo, por aburrimiento o por exceso de maneras, recibe mi papel y lo escudriña. Se sonríe. Al comienzo no me queda claro si se burla o realmente le interesa. Vuelve a sonreír. Qué te pasa, le digo aguantándome las ganas de zamarrearlo. Nada, nada, me responde, y le pasa el papel a Ulises, que de malas ganas lo abre y examina. El muy puto empieza a sonreír. Me desespero. Miro a Juan como diciéndole: haga algo, pues, usted es el hombre, usted es mi hombre, pero Juan se queda mirando hacia el desierto, como si en alguna parte le estuvieran escribiendo la respuesta a la existencia. Vamos, vamos, que alguien diga algo, los apuro. Me doy cuenta de que mi falda está subida y de que Juan me hace cariños donde no es debido, no en público al menos. Tomo la mano de Juan, se la pongo encima de su verga y entonces me contesta la mirada y se sonroja. Pienso en lo extraño de su reacción, es decir, ya nos conocemos lo bastante. Le pido el mapa a Ulises quien me pide que me espere. Lo estudia fijamente. Belano le pregunta que qué pasa. Ulises no responde. Saca un libro desde abajo del asiento, busca el índice y después la hoja, posa el dedo en el papel, posa otro dedo sobre el mapa, mira alternativamente uno y otro, y luego de un minuto y medio o dos, dice: vamos… la hemos encontrado.