miércoles, 2 de julio de 2014

Amor y violencia con Bolaño

por Anna Garbus
El País, Barcelona. 13.03.2014


“Consejos de un discípulo de Morrison a un fanático de Joyce”, sube al escenario del Teatro Tantarantana. Ángel Ros (Nao Albert) y Ana Ríos (Claudia Benito), protagonistas de la obra de Bolaño


Ella, una dura mujer fatal sudamericana. Él, un catalán pusilánime e inofensivo, escritor fracasado y cineasta aficionado, hasta que el amor obsesivo lo lleva a ser cualquier cosa que ella desee; así se trate de convertirse en sangrientos atracadores de bancos, salvajes experimentadores de drogas, "modernos Bonnie y Clyde de la Barcelona de finales de los años setenta", explica el director Félix Pons (Barcelona, 1972) de la obra “Consejos de un discípulo de Morrison a un fanático de Joyce”, que hoy sube al escenario del Teatro Tantarantana. Roberto Bolaño (Chile, 1953) y Antoni García Porta (Barcelona, 1954) escribieron este texto a cuatro manos en 1984, en lo que sería el debut de ambos en un ámbito literario que conquistaron inmediatamente. Ese mismo año la obra, protagonizada en las tablas por Àngel Ros y Ana Ríos Ricardi, ganó el premio Ámbito Literario.

Ha pasado una década desde la muerte de Bolaño y tres desde la publicación de este tormentoso híbrido entre novela negra, ensayo, diario, carta y guión cinematográfico. Según Pons, los personajes consiguen "ficcionar la realidad de la juventud española durante la transición, además de abrir un diálogo entre la cultura pop y la alta cultura".

La obra refleja las similitudes entre esa época y la actual. "Igual que en los años ochenta, la juventud de hoy se pregunta qué futuro le espera. Aunque no es necesario matar a nadie, como ocurre en la novela", ironiza el director. "Ellos salían de 40 años de dictadura; ahora salimos de décadas de bienestar, somos un edificio que se derrumba por la espiral de un consumo que nos engancha sin satisfacer las necesidades humanas y espirituales", lamenta.

Pero, según Pons, el montaje que dirige no quiere ser político, sino que pretende centrarse en la relación claustrofóbica y solitaria entre Ángel y Ana, interpretados por los jóvenes Nao Albet y Claudia Benito. De hecho la obra, que se podrá ver hasta el próximo día 30, se sintetiza en los dos intérpretes y en un solo espacio, ocupado por una cama en sábanas, en donde la pareja se encierra durante un verano lleno de crímenes. La acción transcurre durante "un fin de semana de orgía de drogas, sexo, alcohol y música", en el que la pareja protagonista va narrando su historia como si estuviera creando el guión de una película.

Contagiado por la voluntad de Bolaño y Porta "de romper los moldes, experimentar con los géneros y dialogar con el cine y la música", Pons se ha sumergido durante tres años en el reto de trasladar a escena los niveles de lecturas y los guiños metaliterarios de la obra originaria. Además de consultar permanentemente a Porta sobre el proceso creativo que materializó la narración. Además del teatro post épico y la performance, el director ha recurrido por primera vez en su carrera a soportes audiovisuales, una herramienta para desviar al espectador y crear confusión sobre qué escenas son realidad y cuáles son ficción. Las proyecciones en vídeo, las imágenes y la música "rompen la cuarta pared y trasladan al público a la Barcelona de los años ochenta, pero también lo llevan dentro de las alucinaciones de los protagonistas. Como decía Bolaño, es un combate entre imágenes y palabras", resume Pons, que con su montaje pretende homenajear los orígenes del poeta chileno con una obra en la que "ya laten las inquietudes y se manifiesta el complejo estilo de sus obras maduras y consagradas".


 Traducción desde el catalán: Equipo Archivo Bolaño








lunes, 2 de junio de 2014

Viuda de Roberto Bolaño demanda a El Mercurio, La Tercera y a los autores de un documental sobre su vida

por Jorge Molina Sanhueza
The Clinic. 11.02.2014






Carolina López, viuda del autor de “2666”, solicita que los medios aludidos respondan la acción legal, ya que publicaron notas donde se reveló que su última pareja fue Carmen Pérez de Vega. La carta rogatoria también apunta a la periodista Mónica Jurado que entrevistó a esta última, obteniendo un premio. El libelo internacional también solicita que sean notificados el poeta Jordi Lloret y Darinka Guevara, autores del documental “Estrella Distante” (título de la cuarta novela del escritor fallecido en 2003) que se transmitió en Canal 13 hace dos años. Este último registro audiovisual fue paralizado en 2013, luego de que los abogados de la viuda en Barcelona, informaran que se habían usado datos sin autorización y revelado pasajes de la vida privada del autor. La justicia chilena ya autorizó la diligencia.



La información consta en un exhorto internacional librado desde la judicatura ibérica, que llegó recientemente a la Corte Suprema, al que accedió The Clinic Online. En él Carolina López, viuda de Bolaño, solicita que se notifique la demanda incoada en el Juzgado de Primera Instancia de Barcelona, España, en contra de El Mercurio y La Tercera, donde se publicaron noticias del literato, cuando su última pareja, Carmen Pérez de Vega, habló en una conferencia en la Corporación Cultural de Viña del Mar, entre otras apariciones.

Básicamente, López pide también que se borre cualquier registro que señale que Pérez de Vega tuvo esa calidad, todo en el marco de un proceso civil que se tramita, bajo la figura legal del “derecho al honor y a la intimidad personal y familiar”.

La carta rogatoria incluye también la notificación a la periodista de la revista Ya de El Mercurio, María Cristina Jurado, quien entrevistó a Pérez de Vega, lo que le valió el premio de la Asociación Nacional de la Prensa (ANP) en 2012. Esa misma entrevista aparece en un libro compilatorio de la editorial Catalonia.

Se suman a la anterior profesional, el poeta Jordi Lloret, el escritor Gonzalo Maier y la documentalista Darinka Guevara.


Pléyade literaria

Guevara y Lloret, por su parte, son los autores del documental “Estrella Distante” (tomando el título de la cuarta novela del escritor), el único registro de estas características sobre la vida del autor de Los Detectives Salvajes.

Esta filmación fue trasmitida por Canal 13 en julio de 2012 y la idea era repetirlo al menos una vez al año. Sin embargo, en 2013 recibieron una carta de los abogados españoles Javier Béjar y Cristina Soler, patrocinantes de Carolina López. En ella se reclamó que el material se usó sin autorización y se revelaron pasajes íntimos de la vida del autor de 2666 y sindicar a Carmen Pérez como su última pareja y no a Carolina López, su esposa ante la ley.

En esa crónica el crítico literario Ignacio Echevarría -quien fuera una suerte de albacea de la obra del chileno- apuntó el modo en que la viuda defendía la memoria de escritor: “ella ha pasado a ocuparse de un modo bastante codicioso de todo el material de Bolaño”.

Los exhortos piden notificar a las partes para que respondan a la demanda que se tramita en España. Las cartas rogatorias ya pasaron por la oficina de la fiscal de la Corte Suprema, Mónica Maldonado, quien autorizó a que el libelo sea informado a los recurridos y tramitado a través de los canales judiciales.

El exhorto español -enviado a través de la Cancillería chilena- señala que si los aludidos no contestan la acción legal para desvirtuar las imputaciones, serán declarados “en rebeldía procesal”, con las implicaciones legales que ello conllevaría en el país ibérico.








jueves, 22 de mayo de 2014

La Roma sin porvenir de Bolaño: sobre “El Futuro” de Alicia Scherson



por Lucía Magi
La Tercera. 19.05.2013





La última obra que Roberto Bolaño publicó en vida es la primera que llega a la gran pantalla tras su muerte. Sucede justo a los 10 años de su desaparición, cuando hubiera cumplido los 60, de la mano de la chilena Alicia Scherson (1974), que con El futuro plasma en imágenes y sonidos Una novelita lumpen.

Tras una gestación de seis años, la cinta llega a las salas a principios de junio. El Salón Internacional del Libro que se celebra estos días en Turín y que este año tiene como país invitado a Chile, hospedó su exhibición en el marco de un homenaje al autor de Los detectives salvajes coordinado por la Dirac. Un estreno italiano para su obra ambientada en Roma.

“Suelo escribir los guiones de mi propio puño, dice la realizadora de Play y Turistas, pero con esta novelita, tan rápida, redonda y precisa como una aceituna, me pasó algo único: un enamoramiento súbito y definitivo. Me obsesioné con la idea de llevarla al cine”. Scherson viajó a Barcelona y cerró un acuerdo con Carmen Balcells, agente del escritor. Luego buscó financiamiento: la película es el resultado del esfuerzo conjunto de productoras en Chile (Jirafa), Alemania (Pandora Film), España (Astronauta) e Italia (Movimento Film). El plató de rodaje rebotó de la capital italiana a Colonia y a Santiago.

La ciudad del Coliseo y de San Pedro queda lejana e irreal. Scherson se detiene en las periferias, allí donde la ciudad se apaga en sus colinas; donde las arcadas del acueducto romano obligan a las calles, a los descampados, desguaces y soledades a serpentear y torcerse en parajes perfectos para novelas de Pier Paolo Pasolini. La magnificencia decadente de los foros es un telón de fondo que deja solos a los protagonistas, Bianca y Tomás, hijos de emigrantes chilenos, huérfanos apenas adolescentes. La pensión de orfandad no basta y ellos se hunden en un submundo de noches en vela, televisión basura, compinches marginados y sueños rotos.

En esta espiral que les atrae hasta el fondo, la muchacha acaba prostituyéndose. El cliente es un ex físicoculturista ciego llamado Maciste, que vive atrapado en un piso inmenso, en el recuerdo del título de Mr. Universo y de las películas peplum en las que actuaba; un hombre imponente como una “nevera rota” interpretado por un eficaz Rutger Hauer (1944), célebre por haber sido el replicante de Blade runner. Centran la película el físico grácil y la mirada obstinada de Manuela Martelli (Machuca). Su hermano es un joven actor italiano, Luigi Ciardo, así como los dos amigos Alessandro Giallocosta y Nicolas Vaporidis.

“Me emocionó ver la película. Creo que es muy intensa y respetuosa con lo que Roberto escribió”, comenta Carolina López, la viuda del narrador. “A este libro lo quiero de forma especial: es una hermana desamparada de su obra mayor. Fue también la única novela que Roberto hizo por encargo. La editorial Random Mondadori, en 2001, pidió a algunos de sus autores que escribieran breves cuentos ambientados en varias ciudades. A Roberto le tocó El Cairo, lo cual resultaba bastante complicado porque estaba muy enfermo y no quería viajar solo. Hizo que le cambiaran de destino y acabamos en Roma él, Lautaro con 10 años y yo, embarazada de Alexandra”. Carolina sonríe: “Comían cuatro helados al día y una gran cantidad de panini con rúcula, una verdura de la que ignoraba la existencia”.

El viaje transcurrió entre felicidades culinarias y familiares, pero el narrador no agradecía escribir por encargo y tardó un año más del plazo en entregar el libro: “Solía repetirme: si muero, le debo 800 mil pesetas a la editorial”, recuerda López.

Alcanzó a terminar Una novelita lumpen y a verla impresa. Pero pegó a las páginas el tormento que acompañó aquella creación. “La trama es lineal, plantea Scherson, los hechos siguen de forma fluida. El desafío fue embeber la película de aquella sensación alucinada y apocalíptica que Bolaño nunca describe explícitamente, sino que esparce entre palabra y palabra. Me di cuenta de lo banal que es el cine, que debe dar un color y una luz a todo, mientras la complejidad de la escritura permite ser alusivos”.

La frustración de un futuro que no sabe arrancar, atrapado en un universo mísero de valores y sueños llega potente de Bianca y Tomás, que no sonríen jamás y caminan mirándose los pies. En esa Roma de cartón piedra, lejana e inútil, el presente es cruel y el futuro no existe.









martes, 29 de abril de 2014

Roberto Bolaño y Septiembre 1973


por Jaime Quezada
en Letras. s5, 2013







Cierto alivio esta mañana (y algo de tristeza también) al despedir a Roberto Bolaño, joven amigo chileno-mexicano, que al fin puede regresar a México, y gracias a una oportuna y diligente acción de la Embajada de ese país en Santiago y a los muchos pedidos angustiosos de Victoria Ávalos, su madre, desde Ciudad de México. Alivio, digo, para tranquilidad de él mismo, y de la mía. La xenofobia se ha desatado de manera deshumanizadoramente implacable e inmisericorde en este Chile, asilo ejemplar siempre contra toda opresión.

Apenas alcanzamos a darnos un apresurado abrazo, en esta mañana de septiembre-octubre de tantos adioses.

Roberto había llegado a Chile la última semana de agosto de este 1973 después de un largo viaje en autobús desde Ciudad de México (donde vive casi de niño), motivado por la experiencia de mi propio viaje en sentido inverso (Santiago-México) que yo había realizado por América del Sur arriba en los inicios del año 71, y toda vez que viví varios meses de meses en su casa (calle Samuel 27, colonia Guadalupe-Tepeyac) gracias a la hospitalidad de sus padres y a la tolerancia del mismo Roberto.

Allí, en esa casa de esa callecita del  Distrito Federal, lo conocí y lo padecí (o él me padeció a mí), muchacho de 18, 19 años, neurótico lector con los siete tomos de Proust al cateo de su ojo, intolerable como el que más, superdotado sin tasa ni medida, necesitado de ternura que va del querer intenso al odio y viceversa, impaciente de imaginarios sueños, fumándose la noche entera cigarrillo tras cigarrillo, bebiéndose su mañanero vaso de leche, escribiendo una obra de teatro para enviar a un concurso cubano y, en fin, retrato de artista adolescente con Joyce y todo.

Y ahora llegaba sorpresivamente a la casa mía, aquí en Santiago (calle La Blanca 0559, comuna de La Cisterna), para vivir mi hospitalidad y tolerancia también, e integrarse al “yo lo vi, yo lo viví” de la realidad cotidiana del gobierno del presidente Allende, que tanto fervor y admiración tenía mucho allende las fronteras de Chile y en el mismo gobierno y pueblo mexicano.

El  Golpe Militar chileno, sin embargo, lo sorprende días posteriores visitando familiares en Los Ángeles y Mulchén, en el centro-sur del país, en un recuperar acaso su infancia perdida, allí donde estudió unos cursos primarios y allí donde su padre –León Bolaño-, en la década del 50, era un lucido y activo boxeador, según cuenta una crónica de revista Estadio de la época. Y luego Concepción, ciudades aquéllas y ésta donde no pasaría desapercibido a los severos controles militares en calles, lugares públicos, terminales de buses y estaciones ferroviarias. El marcado canturreo mexicano de su hablar y el aspecto desfachatadamente extranjerizante y desafiante de su vestimenta, le traerían momentos de ingratos pesares.

Luciendo un ancho y provocativo cinturón de cuero, con dorada hebilla de balas-vainas de fusil, Roberto andaba muy orondo por las calles de Santiago y de aquellas ciudades del sur. “Lo primero que tienes que hacer”, le dije, apenas se apareció por Santiago-, “es quitarte ese cinturón”. Advirtiéndole, además, que el país estaba ya casi entregado al control y vigilancia militares.

“Me acordé de tu advertencia”, me dice, al regresar de ese sur-surazo violento y represivo, salvado sólo por fortuitas circunstancias de un ignorado destino. Y él –Roberto-, que venía a un reencuentro con el Chile que había dejado muy niño (“En el cielo había una espada azul. Una gran espada azul sobrevolando los tejados marrones y rojos de Quilpué. Volví en sueños al país de la infancia”), se encuentra, de la noche a la mañana, con un Chile bárbaro y maltratante y, a su vez, maltratado.

Al menos pudo compartir, en estos días tan aciagos, un par de semanas de cierta tranquilidad y de amistad en mi casa, sin dejar de ser el mismo muchacho intolerable, neurótico lector, impaciente, fumándose la noche entera, tomándose sus tazones de té con leche, y escribiendo ahora poemas nada de lineales, sino muy intensamente lihnianos (o a semejanza de Enrique Lihn, a quien mucho ahora leía).

“Dará que hablar”, le dije –y a manera de recomendación- al funcionario de la Embajada mexicana que se lo llevó en un taxi, y muy de mañana, al aeropuerto de Santiago en ruta de regreso al México de su residencia y de su vivir (o desvivir).